Según la literatura actual, cerca de 2 billones de pobladores del mundo no tienen acceso a la electricidad. Dicha población vive en su gran mayoría en los países en desarrollo y en especial en las zonas rurales aisladas.
Instituciones importantes como el Consejo Mundial de Energía (WEC), el Banco Mundial y Naciones Unidas consideran que el acceso de los pobres a los servicios básicos de energía es uno de los factores más importantes para contribuir a la reducción de la pobreza, entre otras razones porque la energía contribuye también al acceso y/o la mejora de otros servicios básicos, como agua potable, salud, educación, comunicaciones y otros.
Con respecto a la estimación de la población actual sin acceso a este servicio, la cifra es muy similar a la que existía en el año 1970; es decir, que a pesar del enorme esfuerzo efectuado durante las tres décadas que nos precedieron en que se incorporó alrededor de 1,2 billones de personas al servicio eléctrico el número de habitantes en el ámbito rural sin acceso a la electricidad no ha variado. Ello indica que la inversión en electrificación rural efectuada en el período mencionado apenas ha servido para dotar de este servicio a una población equivalente a su propio crecimiento.
Ante esta realidad cabe la pregunta: "Cuáles son las razones que afectan el proceso de electrificación rural en el mundo y qué lo hace tan lento" Es evidente que no solo se trata de la pobreza de los países subdesarrollados; las respuestas se encuentran al analizar la situación social y económica de los sectores marginados del servicio referido:
- Se trata de un mercado pobre y disperso, con necesidades energíticas muy pequeñas que no superan la iluminación básica y el uso de pequeños televisores y/o pequeñas radios; excepto un porcentaje muy reducido que cuenta con algunos artefactos eléctricos; por tanto, se trata de un mercado poco atractivo para las empresas dedicadas a los negocios de la energía eléctrica. Consecuentemente, es un sector donde el concepto de las fuerzas del mercado no son aplicables.
- Las soluciones tradicionales de extensión de redes se hacen cada vez más costosas a medida que se extienden a zonas más alejadas y, por ende, inapropiadas para atender a estos sectores de la población.
- Las alternativas tecnológicas presentan interrogantes sobre su aplicación a gran escala, aunque en muchos casos, aplicadas a pequeña escala en proyectos demostrativos muestran su viabilidad para estos mercados.
En efecto, durante las últimas dos décadas se ha promocionado a los pequeños sistemas descentralizados como la opción adecuada para la electrificación de las zonas rurales aisladas, especialmente aquellas basadas en energías renovables (micro hidráulica, solar fotovoltaica, eólica y biomasa). Sin embargo, su avance ha sido lento, debido al escaso éxito obtenido en muchos proyectos piloto en cuanto a su sostenibilidad. Se suma a ello el problema del costo, sobre todo cuando existe una alta dependencia de la importación de equipos y servicios. En la mayoría de los casos, la solución mediante los pequeños sistemas diesel también resulta muy inconveniente para los sectores rurales debido a su alto costo, la poca confiabilidad en el suministro de combustibles y repuestos, y la reducida capacidad para operarlos y administrarlos correctamente.
La posición de Soluciones Prácticas - ITDG, con respecto a este tema, es que se trata de un problema donde intervienen factores de índole económica, social y otros que tienen que ver con la capacidad tecnológica, asistencia técnica, disponibilidad de repuestos, y de los aspectos legales y normativos vigentes. Ellos, en su conjunto, se traducen en barreras para la electrificación rural. Dichas barreras pueden ser organizadas en cuatro rubros principales:
- Tecnologías inaccesibles para los mercados pobres y aislados.
- Mecanismos financieros inapropiados.
- Falta de capacidad local para el manejo sostenible de los sistemas de generación o suministro.
- Falta de un marco legal e institucional apropiado.
La experiencia acumulada en casi dos décadas realizando instalaciones en diferentes realidades sociales y económicas nos muestra que la falta de capacidad local para el manejo eficiente de los sistemas es una de las barreras más importantes. Un estudio de desempeño ex-post de sistemas aislados de generación, desarrollado en el Perú mediante el proyecto ESMAP/ITDG entre 1996 y 1998, demostró que los pequeños sistemas aislados de suministro de energía eléctrica incluidos aquellos manejados por el Estado presentan serias dificultades para poner en práctica sistemas sostenibles. Parte del mencionado estudio consistiá en el diseño de un modelo de gestión que respondiera a la realidad nacional. Fue de esta forma como se obtuvo el modelo denominado Gestión de Servicios de Pequeños Sistemas Eléctricos Aislados.
El modelo diseñado, que se describe en los siguientes capítulos, ha sido implementado en la microcentral hidroeléctrica de Conchán, ubicada en el distrito del mismo nombre, provincia de Chota, departamento de Cajamarca, en 1999; y luego replicado en otras zonas del país. Hasta la fecha de elaboración de este documento (Setiembre2005) el modelo se encontraba en funcionamiento en cinco zonas distintas, incluido Conchán. Los logros obtenidos demuestran lo acertado de este modelo organizativo, así como su aplicación para sistemas de micro y mini generación de energía, utilizados para suministrar energía a pequeños pueblos aislados, sean estos del tipo hidráulico o diesel. Cabe la salvedad de que para cada caso (hidráulico o diesel) debe aplicarse sistemas tarifarios diferentes, ya que el costo de combustible influye fuertemente en el costo de operación (en el caso de los sistemas diesel).