ITDG - Soluciones Prácticas para la pobreza
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Hoy,
 
   

Enfoque de gestión de riesgos

 
 
 

Es el proceso planificado, concertado, participativo e integral de reducción de las condiciones de riesgo de desastres, en la búsqueda del desarrollo sostenible (Chuquisengo y Gamarra, 2005).


Este concepto que ha sido adoptado por la EIRD de las Naciones Unidas nace en contraposición a la postura convencional que limitaba la reducción de desastres a las actividades de atención a emergencias y al enfoque fisicalista en el análisis de riesgos. En consecuencia, la reducción del riesgo y de los desastres debe fundamentarse en la modificación o transformación de las condiciones que generan el riesgo y en el control externo de sus factores. Ello implica tomar decisiones colectivas sobre los niveles y formas de riesgo que una sociedad puede asumir como aceptables en un período determinado.

Es útil mencionar que el concepto: "Gestión de Riesgos" ha tenido una evolución permanente, y de ella se pueden destacar los siguientes episodios clave:

En los 70 y en la época anterior a ésta década, se concebía a los "desastres" como simil de "emergencias", y por ello se desarrolló muchos estándares y parámetros para la respuesta en situaciones de emergencia y para el apoyo a las víctimas. Se privilegiaba los enfoques de la Cruz Roja, de los bomberos, de los médicos, etc. El problema era que no se entendía a los desastres en toda su magnitud y se cre?a que son eventos inevitables y de orígen natural.

Entre los 70 y 80 se planteó serios cuestionamientos al enfoque emergencista y se empezó a diferenciar la prevención de la preparación para emergencias. Desde entonces se empezó a hacer énfasis en la etapa antes  del desastre y en la reducción de la ocurrencia de eventos catastróficos. Toda esta filosofía fue promovida por organismos internacionales como OEA , OPS , etc.

En los años 90 se produjeron graves crisis humanitarias a partir de los conflictos en áfrica, Asia y Europa, y esto llevó a replantear aún más los enfoques tradicionales. Paralelamente, la Organización de las Naciones Unidas declará la década de 1990 al 2000 como el: "Decenio Internacional para la Reducción de Desastres". Un avance sustancial fue que se empezó a entender la gestión de riesgos como parte elemental del desarrollo sostenible. Desde entonces está realizando muchos esfuerzos por insertar la reducción de riesgos en las agendas de desarrollo.

Desde finales de los 90s e inicios del presente milenio, se introdujo el enfoque de derechos a la concepción de la gestión de riesgos, enfatizándose así la importancia del desarrollo de capacidades y de la participación local. Cada vez se reconoce más la importancia de las acciones y decisiones cotidianas en la transformación o eliminación de riesgos. Durante los últimos años éste enfoque se ha fortalecido. En el año 2000, el DFID aprobó una política de derechos humanos que considera tres componentes básicos: inclusión, participación y cumplimiento de obligaciones. Ello implica que se debe buscar: desterrar la exclusión e inequidad, promover la participación y la organización, fomentar las alianzas entre los distintos actores para superar la pobreza, promover el diálogo intercultural, y desarrollar lo que actualmente se denomina capital humano y social. Según Ferradas , para incorporar el enfoque de derechos en la gestión de riesgos, se requiere:

o Priorizar la protección de la vida de las personas por encima de cualquier otro criterio de índole económico o político.

o No sólo considerar los derechos y obligaciones relacionados con la seguridad y protección de las personas cuando ocurren
desastres, sino entender cómo tales derechos son vulnerados dadas las condiciones de riesgo existentes.

o Considerar que la situación de pobreza tiene como detonantes a shocks, muchos de los cuales tienen como causa principal a los
desastres.

o Tener en cuenta a las personas que tienen diferentes condiciones físicas y psicológicas (etnicidad, género, edad, y discapacidad),
a fin de fortalecer los mecanismos para el incremento de su resiliencia.

o Dar gran importancia a la inclusión.

o Articular las experiencias y estrategias de los sectores vulnerables con las políticas de gestión de riesgo.

o Considerar que los grupos en riesgo o afectados por los desastres no sólo tienen necesidades que satisfacer sino derechos que
reclamar y deberes que cumplir.

o Priorizar "estrategias emergentes" y promover la articulación de las distintas redes organizaciones comunitarias e instituciones
locales para incidir en las políticas públicas.

o Propiciar el acceso a la información y a conocimientos a fin de que la población y las instituciones locales puedan orientarse y
tomar mejores decisiones en el proceso de gestión de riesgos.

o Asumir que los riesgos de desastres y las emergencias son percibidos según diferentes intereses y expectativas, así que es
necesario explicitarlas y establecer una estrategia de planificación y gestión local más participativa.

o Buscar incidir prioritariamente en las políticas sociales a fin de reducir la vulnerabilidad de las familias, lo que significa priorizar
estrategias relacionadas con la educación, la salud, la vivienda y la seguridad alimentaria.

o Buscar comprender mejor los impactos no inmediatos de los desastre, para identificar y medir los efectos indirectos sobre la
producción y la distribución social, los cambios potenciales que deberían considerarse en los procesos de reconstrucción y en las
políticas públicas.

No hay que olvidar que bajo el enfoque de gestión de riesgos, los desastres son una construcción social, porque la vulnerabilidad es un producto totalmente humano y es la causa principal de los desastres. Además, las amenazas cada vez son menos naturales, y las capacidades siempre dependen de las personas. Entonces, los desastres se pueden prevenir actuando sobre sus causas, y para ello el centro de las acciones ya no debe ser el desastre sino las condiciones de riesgo existentes que pueden dar lugar a desastres.

Un modelo de gestión de riesgo consiste en construir la información mínima que permita calcular el riesgo que se va a asumir, y prever las reservas (financieras, sociales, psicológicas, emocionales, etc.) que permitirían la supervivencia en condiciones adecuadas, a pesar de la ocurrencia ciertos impactos probables en determinado período de tiempo. Ello, teniendo en cuenta los conflictos de intereses y los diferenciados niveles de conocimiento. Pero hay 2 escenarios fundamentales en los que se debe trabajar: en el presente y en el futuro. Por ello, el PNUD menciona que hay tres formas de gestionar el riesgo:

La gestión correctiva o compensatoria, que se refiere a la adopción de medidas y acciones de manera anticipada para promover la reducción de la vulnerabilidad. Se aplica en base a los resultados de los análisis de riesgos y teniendo en cuenta la memoria histórica de los desastres. Busca fundamentalmente revertir o cambiar los procesos que construyen los riesgos.

La gestión prospectiva, que implica adoptar medidas y acciones en la planificación del desarrollo para evitar nuevas vulnerabilidades o amenazas. Se desarrolla en función del riesgo "aún no existente" y se concreta a través de regulaciones, inversiones públicas o privadas, planes de ordenamiento territorial, etc. Hacer prospección implica analizar el riesgo a futuro para definir el nivel de riesgo aceptable. Y para que sea exitosa, se requiere un alto grado de voluntad política, compromiso social y conciencia pública. Lavell (2003), indica que los siguientes mecanismos deben aplicarse y se deben reforzar mutuamente:

o La introducción de normativas y metodologías que garanticen que todo proyecto de inversión analice integralmente los riesgos que enfrenta y genera.

o La creación de normativas sobre el ordenamiento territorial.

o La búsqueda de usos productivos alternativos para territorios peligrosos.

o La promoción de tecnologías accesibles y seguras, mediante normativas y programas.

o El fortalecimiento de los niveles locales de gobierno, fundamentalmente de sus capacidades.

o La contínua sensibilización y capacitación sobre gestión de riesgos, teniendo en cuenta las particularidades de cada actor (sociedad civil, entes privados y estatales, cooperación internacional, etc).

o El establecimiento de penas y estímulos eficaces.

o La instrumentación de esquemas de uso de recursos naturales y ecosistemas que garanticen el desarrollo sostenible.

o La reforma de las currículas.

o El fomento de una cultura de seguridad.

o La creación de espacios de participación ciudadana y de vínculos más estrechos entre los tomadores de decisiones y los actores
locales.

La preparación para la respuesta a emergencias, que implica estar siempre alertados y bien preparados para cualquier eventualidad, de tal modo que los costos asociados a las emergencias sean menores, se presente un cuadro de daños reducido y la resiliencia sea alta.

Actualmente se privilegia la gestión prospectiva porque ataca las causas de los desastres, y es el modo más eficiente para reducir los daños que se podrían generar. A pesar de ello, hasta ahora la mayor parte de políticas estatales en todo el mundo han dado más énfasis a la respuesta ante emergencias. El inconveniente de persistir en una política sesgada a ésta fase de la gestión de riesgos es que favorece el asistencialismo más no el desarrollo y además sólo logra un alivio temporal.

Tambié
n es usual que exista mucho apoyo para los procesos de rehabilitación después de desastres. En realidad si dichos procesos están bien concebidos, representan una oportunidad para el fortalecimiento de las organizaciones locales y para fomentar un ordenamiento territorial más adecuado. La reconstrucción va ligada a la rehabilitación pues tiene fines similares pero su valor agregado es que pretende eliminar o reducir al máximo las limitaciones existentes antes del desastre, y por eso con ella se podría cerrar el ciclo de la gestión de riesgos mediante el planteamiento y la implementación de estrategias de prevención.

Todas las etapas de la gestión de riesgos son importantes, y el manejo de las mismas debe ser integral. Sin embargo existen déficits respecto a la capacidad organizativa y a las tecnologías apropiadas y disponibles para aplicar en cada etapa. No hay que olvidar que la gestión de riesgos no se reduce a una obra o una acción concreta, se refiere al proceso por medio del cual un grupo humano toma conciencia del riesgo que enfrenta, lo analiza y lo entiende, considera las opciones y prioridades en términos de su reducción, considera los recursos disponibles y diseña las estrategias e instrumentos necesarios para enfrentarlo, negocia su aplicación y toma la decisión de implementarlas.

De otro lado, la gestión de riesgos en el ámbito empresarial ha evolucionado de manera veloz, pero está más relacionada a los sistemas integrados para el aseguramiento de la calidad, por ejemplo: en la producción, en lo que respecta a salud ocupacional, en la protección del medio ambiente y en lo referido a la responsabilidad social. Sin embargo, el enfoque que adquiere la gestión de riesgos en el contexto empresarial en muchos casos se limita a minimizar la probabilidad de pérdidas y de accidentes ocupacionales, y a asumir una serie de compromisos para mejorar la imagen y el desempeño de cada área de la empresa. Esto desde ya es un gran avance, pero realmente son pocos los casos donde se aplica la gestión de riesgos con una perspectiva integral y de largo plazo. Fundamentalmente lo que suele faltar es el reconocimiento de la empresa como un actor clave para el desarrollo, y la interiorización de dicha idea entre los empleados.

El potencial de los sistemas integrados de gestión (la mayor parte de ellos, voluntarios) es que están basados en la mejora contínua, en la promoción de la innovación, en la capacitación constante y en el cumplimiento de estándares que son fiscalizados permanentemente; y por lo tanto, tienen una gran flexibilidad para adoptar enfoques más completos. Sin embargo, existen aún dos retos importantes:

Que el sector industrial incluya en sus sistemas integrados de gestión, el enfoque de gestión de riesgos, inclusive con la perspectiva de derechos, y que se reanalice el rol de la empresa en cada contexto y la contribución real de la misma al desarrollo humano sostenible.

Que los diferentes entes del estado (responsables oficialmente de la gestión de riesgos) y en general todos los ciudadanos, obtengan lecciones de éstos sistemas y adopten algunos de sus principios, de tal modo que logren una eficiencia mayor en su accionar.

 

En Soluciones Prácticas - ITDG, buscamos reducir la vulnerabilidad de las poblaciones pobres mediante el fortalecimiento de las capacidades de los actores locales en la gestión y prevención de riesgos de desastres, articulando el nivel municipal con el comunitario.

 

Para este fin estamos trabajando en la elaboración de un modelo práctico de gestión de riesgos, con los siguientes componentes:

  • Planes de prevención de desastres.
  • Sistemas de alerta temprana y campañas en los medios de comunicación local.
  • Incorporación de la gestión de riesgo en las actividades de las escuelas.
  • Fortalecimiento de la organización comunitaria mediante un mayor protagonismo de mujeres y niños.
  • Medidas participativas de prevención de desastre y mitigación aplicadas con la comunidad.
  • Obras para la prevención de desastres (defensas ribereñas, andenes, etc.).
 
 
 
 
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