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En Sudamérica, allá donde nace el Amazonas, se encuentra la cuenca binacional del río Chinchipe. Es aquí donde empiezan a desarrollarse los bosques de neblina de la amazonia montañosa, el ecosistema donde se genera gota a gota la mayor fuente de agua dulce del planeta. Este lugar es el hogar de 162 mil ecuatorianos y peruanos que viven en situación de pobreza (actualmente tienen ingresos de no más de 2 dólares diarios). La mayoría de ellos son migrantes que proceden de la sierra de Perú y Ecuador, viven del cultivo del café y de la extracción de madera a pequeña escala. Al conocer poco este nuevo hábitat, sus actividades son poco sostenibles.
Las consecuencias han sido graves, no solo para su subsistencia, sino para el ambiente que les rodea: Disminución del agua, desastres y hasta muertes producto de conflictos por tierras. Aunque no se ha evaluado, existe también evidencia de impactos globales como pérdida de la biodiversidad y disminución de volúmenes de agua para la cuenca amazónica.
En este marco, la pobreza se acrecienta y las oportunidades disminuyen. Por ello buscamos promover la conservación de los bosques tropicales mediante el desarrollo de modelos de gestión sostenibles de bosques con participación de la población local. Trabajaremos junto a 1.000 campesinos en la creación de fincas estables y sostenibles, gracias a lo cual ya no tendrán necesidad de talar para su subsistencia. Por otro lado, los 100 pequeños madereros que operan en la zona, están conscientes de que deberían adecuar sus actividades trabajando en bosques manejados, usado técnicas que no depreden el ambiente y empezando a usar árboles de reforestación. El proyecto los ayudará tanto a ellos como a las comunidades a lograr que nunca les falte madera para su uso y a que estas familias no sufran extrema pobreza por la falta de trabajo.
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